
Reseña histórica de la Obra Social Santa Rosa de Lima
Fieles al carisma de las Hermanas Misioneras de Santa Rosa de Lima, nuestra misión ha estado orientada a anunciar el amor misericordioso de Dios entre las personas más vulnerables, promoviendo la esperanza, la solidaridad y el respeto por la dignidad de cada ser humano.
Este sueño misionero comenzó a hacerse realidad gracias al generoso gesto del señor Alfredo Posada, quien donó una casa lote ubicada en el barrio Coronado de la ciudad de Palmira. En marzo de 1999, las hermanas llegaron a este sector para iniciar su labor evangelizadora. Mientras se adecuaba la vivienda donada, la comunidad religiosa residió temporalmente en una modesta casa del barrio San Pedro.
Una vez instaladas en el barrio Coronado, y con el valioso apoyo de personas solidarias, se realizaron las adecuaciones necesarias para convertir aquella sencilla vivienda en un espacio de acogida, servicio y evangelización. Desde allí se inició un trabajo pastoral permanente, acompañando a la comunidad de la entonces capilla San Miguel Arcángel, hoy constituida como parroquia.
Con el propósito de conocer de cerca la realidad de las familias del sector, las hermanas emprendieron visitas a los hogares, descubriendo múltiples necesidades sociales y espirituales. Estas visitas permitieron identificar que numerosos niños, niñas y jóvenes crecían en contextos marcados por la pobreza, la violencia, la desintegración familiar y la falta de oportunidades, situaciones que ponían en riesgo su desarrollo integral. Del mismo modo, se evidenció la difícil realidad que enfrentaban muchas madres cabeza de hogar, quienes luchaban diariamente por garantizar el bienestar de sus familias.
Frente a estas necesidades, nació un proyecto de evangelización y promoción humana fundamentado en los valores del Evangelio. Desde la sencillez del hogar de las hermanas se desarrollaron diversas iniciativas encaminadas a transformar la realidad de la comunidad. Entre ellas se ofreció el cuidado de niños pequeños, permitiendo que muchas madres pudieran acceder a un trabajo digno y generar el sustento para sus hogares.
Al mismo tiempo, se fortalecieron redes de solidaridad mediante la gestión de ayudas y donaciones provenientes de personas y entidades comprometidas con el bienestar de la comunidad. Estos aportes fueron entregados a las familias con mayores necesidades, llevando alivio y esperanza a quienes atravesaban situaciones de vulnerabilidad.
Igualmente, se promovieron espacios de formación y acompañamiento para niños y niñas que, debido a las limitaciones económicas de sus familias, no habían tenido acceso a la educación formal. Con estas acciones se buscó no solo favorecer su aprendizaje, sino también fortalecer sus valores, su crecimiento humano y su proyecto de vida.
Así comenzaron los primeros pasos de una misión que, con el paso de los años, se consolidó como una obra de servicio, evangelización y promoción integral, reflejando el compromiso permanente de las Hermanas Misioneras de Santa Rosa de Lima con la construcción de una sociedad más fraterna, justa y solidaria.
